Estos del fútbol cada vez estaban más locos. Aquella noticia del periódico lo dejaba claro:
“Un millonario islandés compra el West Ham y aspira a ganar la Champions con un equipo de cantera”
Ya, bueno. Cantera. Eso decían todos. Luego habría que ver qué era lo que entendían ellos por cantera.
“El nuevo entrenador, un hippie guarro y sin ninguna experiencia, asegura que solo tendrán sitio en el equipo aquellos nacidos a menos de 35 millas del estadio de Boleyn Ground, y también los nacidos en Luton”.

Zers Londinium saludando a la prensa en su presentación como entrenador del West Ham.
Ah, pues mira, se dijo. Esto sí que suena a cantera de verdad. A McMassi, de los McMassi de toda la vida, siempre le habían ido más los deportes tradicionales como el lanzamiento de troncos y perseguir quesos cuesta abajo, pero si lo que decía el hippie era cierto, igual quedaba algo de interés en el jurgol. De momento, había conseguido que siguiera leyendo la noticia del The Sun. Y McMassi, de los McMassi de toda la vida, nunca había leído una noticia entera. En realidad, generalmente no leía los pies de foto enteros, ni tampoco miraba todas las fotos. Qué demonios: McMassi, como todo buen McMassi de los McMassi de toda la vida, abría The Sun por la página 3 y lo cerraba después de mirar la foto.
A veces, y solo a veces y si la cerveza todavía le dejaba discernir las letras, leía el titular de la contraportada. Y esta era la primera vez que sentía interés más allá de subtítulo. Y fue al leer el primer párrafo cuando recordó por qué nunca leía.
“Si consigue su objetivo, el West Ham igualará la gesta del Celtic de 1967, cuando ganó a La Grande Inter la final de la Copa de Europa con once canteranos nacidos en los alrededores de Glasgow”.
Ira. McMassi, de los McMassi de toda la vida, sintió mucha ira. McMassi en un bar de Glasgow sintiendo ira: http://www.youtube.com/watch?v=yx5wj2w68CA
Esos sucios ingleses siempre intentando robar a los escoceses sus gloriosas gestas. Un antepasado de los McMassi había enseñado el culo a los ingleses con Mel G… estooooo, con William Wallace en el campo de batalla. Otro había luchado contra ellos en las revueltas de 1640, y otro más se había echado al monte con Rob Roy. Tommy McMassi, como todos los buenos McMassi del clan McMassi de toda la vida, odiaba a los ingleses. ¡¡Y no iba a permitir que un estirado londinense que ni siquiera pronunciaría las tes con su sucio acento cockney privara a Glasgow y a Escocia de un logro único en la historia!! Ya había ocurrido con la Copa de Europa. El Celtic la había ganado en 1967 y los sucios ingleses habían conspirado para que, solo un año más tarde, los ingleses tuvieran la suya. ¡¡Pero aquello estaba amañado!! Todo buen escocés lo sabía. O bueno, él se lo imaginaba, porque fútbol, lo que se dice fútbol…

Los jugadores del Celtic autores de la gesta.
La primera opción, claro, fue viajar a Londres y acabar con Londinium de manera rápida y eficaz. Pero había dos problemas: primero, que tendría que pisar suelo inglés. Y un McMassi de los McMassi de toda la vida no podía pisar suelo inglés. Era casi seguro que moriría intoxicado al instante. Y segundo, que era poco probable que llegara a Londres lo suficientemente sobrio como para que el fin de Londinium fuera rápido y todavía menos que fuera eficaz.
Así que solo quedaba la otra: McMassi, con el empeño tradicional e inigualable de los McMassi de toda la vida, entrenaría a un equipo de Glasgow y retomaría la vieja y gloriosa política de… ¿cómo decía el periódico que se llamaba aquel tipo? Ah, sí, Jock Stein. Eso, la gloriosa política de Jock Stein y conseguiría la segunda Copa de Europa para Glasgow, y con jugadores de los alrededores de Glasgow y formados en el club. ¿Cómo, que ya no se llama Copa de Europa? ¡¡¡Seguro que eso también es cosa de los sucios ingleses!!!



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